Dulce desastre

Filosofía urbana sin pretensiones

Una calle para tocar

Me inspiran mucha ternura los músicos callejeros. Siempre que veo alguno me da por pensar en la historia que tiene detrás, y en el camino que le ha llevado a tocar su instrumento en el lugar en el que yo lo veo. Últimamente se ha movido en León una historia curiosa en torno a uno, un acordeonista ruso llamado Arty, al que el Ayuntamiento retiró el permiso para tocar en una céntrica calle de la ciudad por presuntas molestias a algunos ciudadanos. Lo curioso del caso es que se ha organizado todo un movimiento social para pedir que este músico pueda volver al lugar donde leoneses y visitantes le han visto tocar en los últimos cinco años, y en Facebook hay una página en la que más de 5.000 personas le muestran su apoyo. Es una historia bonita que habla de cómo a veces estas personas terminan por trascender y hacerse un hueco en el corazón de la ciudad en la que tocan, para convertirse en personajes de sus calles.

Y en Madrid menudean los músicos callejeros, especialmente en el Metro. Está la señora que toca el violín en Callao, y a veces también en la Plaza Mayor; el joven bajista que hace unos días reproducía la hipnotizante línea de “Another one bites the dust” en Gran Vía; el cantante sudamericano que prueba suerte con todos los boleros del mundo en Cuatro Caminos… Sin olvidar de la orquesta de la calle Preciados o aquel guitarrista que un día me dejó con la boca abierta en la Plaza de Oriente. Todo un universo de personas que viven por la música y que te ofrecen cada día lo mejor y quizás lo único que realmente saben hacer bien. La próxima vez que escuches o veas a uno, piensa en ello y ráscate el bolsillo.

 

Octubre 27, 2009 Publicado por Manu | Trabajar para vivir, Vivir en Madrid | | 1 comentario