Una calle para tocar
Me inspiran mucha ternura los músicos callejeros. Siempre que veo alguno me da por pensar en la historia que tiene detrás, y en el camino que le ha llevado a tocar su instrumento en el lugar en el que yo lo veo. Últimamente se ha movido en León una historia curiosa en torno a uno, un acordeonista ruso llamado Arty, al que el Ayuntamiento retiró el permiso para tocar en una céntrica calle de la ciudad por presuntas molestias a algunos ciudadanos. Lo curioso del caso es que se ha organizado todo un movimiento social para pedir que este músico pueda volver al lugar donde leoneses y visitantes le han visto tocar en los últimos cinco años, y en Facebook hay una página en la que más de 5.000 personas le muestran su apoyo. Es una historia bonita que habla de cómo a veces estas personas terminan por trascender y hacerse un hueco en el corazón de la ciudad en la que tocan, para convertirse en personajes de sus calles. 
Y en Madrid menudean los músicos callejeros, especialmente en el Metro. Está la señora que toca el violín en Callao, y a veces también en la Plaza Mayor; el joven bajista que hace unos días reproducía la hipnotizante línea de “Another one bites the dust” en Gran Vía; el cantante sudamericano que prueba suerte con todos los boleros del mundo en Cuatro Caminos… Sin olvidar de la orquesta de la calle Preciados o aquel guitarrista que un día me dejó con la boca abierta en la Plaza de Oriente. Todo un universo de personas que viven por la música y que te ofrecen cada día lo mejor y quizás lo único que realmente saben hacer bien. La próxima vez que escuches o veas a uno, piensa en ello y ráscate el bolsillo.
-
Archivos
- Noviembre de 2009 (7)
- Octubre de 2009 (11)
- Septiembre de 2009 (21)
- Agosto de 2009 (19)
- Julio de 2009 (3)
- Junio de 2009 (6)
- Mayo de 2009 (8)
- Abril de 2009 (6)
- Marzo de 2009 (3)
- Febrero de 2009 (5)
- Enero de 2009 (3)
- Noviembre de 2008 (1)
-
Categorías
-
RSS
Subscripciones RSS
RSS de los Comentarios