Mudanza de blog
Estimados seguidores, lectores ocasionales, frustrados paracaidistas en busca de un contenido diferente al que al final habéis encontrado… a todos os emplazo a mudaros conmigo a un nuevo blog, que no deja de ser éste, pero mejor hecho. He comprado un alojamiento razonablemente bueno y he instalado WordPress, así que la nueva dirección en la que podréis leer las cosas más o menos interesantes que se me puedan ocurrir es ésta:
Y si eres de los que leen cómodamente lo que escribo mediante RSS, puedes reemplazar la dirección que tenías hasta el momento por ésta:
http://dulcedesastre.es/blog/?feed=rss2
Así que eso es todo, ya no actualizaré más este blog y os espero en el nuevo. Como siempre, esto abierto a sugerencias para mejorar. Muchas gracias por estar ahí.
Cuando Euskadi se hizo juancarlista
Alfonso Guerra dijo al comienzo de la andadura del PSOE en el gobierno nacional aquello de que “a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”. Y en Euskadi parece que también hemos emprendido ese camino. Poco a poco el gobierno de Patxi López y la mayoría socialista – popular en el parlamento regional van desmontando viejos lugares comunes que llevaban 30 años instalados en el imaginario vasco.
Las últimas iniciativas son muy representativas de este proceso: se invita a la Selección Española y a la Vuelta Ciclista a España a que regresen a Euskadi, y la EITB (televisión pública vasca) emitirá por primera vez el mensaje navideño del Rey. Sobre lo primero tengo sensaciones encontradas, porque sólo por la seguridad que habría que disponer para evitar problemas, a los vascos nos puede salir por un pico acoger un partido de España o una etapa de la Vuelta. De hecho, el fútbol me parece perfectamente prescindible en este caso. Pero sí me gustaría que la ronda ciclista más importante del país volviera a una tierra en la que este deporte es amado y practicado con pasión, y no en vano es el lugar de origen de muchos de los grandes de la historia de ese deporte en España.
Lo del mensaje del Rey es ya arena de otro costal. Siempre me ha parecido absurda la parafernalia que se monta al día siguiente en los medios sobre el discurso. A fin de cuentas se trata de algo aprobado, cuando no escrito, por el Gobierno. Así que nada de lo que diga el Rey se saldrá de la línea oficial, y aunque lo hiciera tampoco tendría mucho valor, en su posición de árbitro de funciones difusas y en todo caso poco agotadoras.
A veces, mientras el Rey hace su repaso del año que termina y habla de quienes tienen que trabajar para que los demás podamos disfrutar de “estas fechas tan entrañables”, se me ocurre fantasear con diferentes escenas imposibles: que anuncie que va a ceder un buen pellizco de los más de mil millones de pesetas que recibe de los Presupuestos Generales del Estado para causas sociales; o que declare concluida su misión y abierto el proceso para convertir este país en una república en la que todos seamos iguales; o que se haya achispado con alguna copa previa y cuente alguna de esas divertidas intimidades que a fin de cuentas son públicas aunque no publicadas. Entonces sí que merecería la pena que la EITB se hubiera subido al carro, y uno podría tragarse el espectáculo de Raphael o lo que le echaran el resto de la noche con una sonrisa.
Canciones para una vida: “What´s going on”
En 1971 apareció uno de los álbumes más importantes de la historia del soul. Se trata de “What´s going on”, la obra maestra de Marvin Gaye. Este trabajo estaba compuesto por nueve canciones que hablan sobre la pobreza, las drogas, el lado menos amable de la sociedad de EE.UU., encadenadas sobre la idea global de la decepción que encuentra un veterano de Vietnam que regresa a casa. Y precisamente sobre ese conflicto habla la canción que da título al disco, que es la que hoy traigo aquí.
Este tema es una clara defensa de los ideales pacifistas y de la petición del final de la guerra, a la que por cierto acudían en masa soldados afroamericanos que no podían librarse del reclutamiento. En aquel momento se daba la paradoja de que ciudadanos que eran discriminados por su color de piel en EE.UU. eran llamados sin reservas a pelear una guerra absurda muy lejos de sus casas, y por el país que les negaba muchos derechos. Además, los arreglos son excelentes y la voz de Gaye suena más vibrante que nunca. Es un disco maravilloso, pero sobre todo un conjunto de denuncias que todavía siguen vigentes. Porque todo eso todavía sigue ocurriendo.
El revisor amable
Pensaba que a estas alturas se habría jubilado o se habría acogido a alguno de esos planes para aligerar plantilla que están tan en boga últimamente. Pero allí estaba ayer, garabateando los billetes de los viajeros con la misma amabilidad de siempre, relajado y de buen humor. Mejor para todos. Es el único revisor del servicio de Cercanías de Renfe que da gusto encontrarse en el tren, porque siempre te dedica una sonrisa o un comentario gracioso. Un tipo que fundamentalmente parece feliz y que entiende que su trabajo no empieza ni termina en asegurarse de que quienes están en el tren lleven el billete, sino que va más allá y crea un ambiente agradable a su paso.
Algo que por supuesto no se puede decir del resto de interventores, que básicamente son tipos desagradables y malcarados, de esos que si madrugas a diario para tomar el tren te hacen odiar un poquito más el mundo que te obliga a levantarte demasiado pronto. A casi todos ellos les he visto perder los papeles en alguna ocasión, sobre todo cuando han sorprendido a algún inmigrante sin billete en el tren. He sido testigo de escenas vergonzosas y de abusos miserables, protagonizados por el tipo pusilánime de las gafas, la señora rubia de pelo corto o el sujeto corpulento de eterna cara de indisposición. Y por su culpa muchos tenemos a veces a Renfe como una empresa cochambrosa y anquilosada, con trabajadores adocenados y hastiados de su propia rutina.
Supongo que todos ellos dirán que a fin de cuentas no les pagan por ser simpáticos. Y quizás sea verdad. Pero lo que sí tengo muy claro es que el revisor amable tendría que cobrar más precisamente porque lo es. Plus de humanidad, lo llamaría.
La vida de los otros
Volver de visita mensual al sitio en el que he vivido durante años me crea sensaciones curiosas. Cada vez que vengo, miro con ojos de crío mi ciudad, porque siempre descubro cosas que han ido cambiando durante mi ausencia. Me encuentro con personas que hace mucho que no veo y que de repente son padres, están casados o han cambiado de vida. Y me doy cuenta de que a veces pienso que voy a volver a encontrarme aquí todo tal y como lo dejé cuando decidí marcharme. Ésta es la ciudad en la que viven mis afectos, mi familia y mis amigos, y por eso vuelvo a ella. Y cada vez que lo hago, me siento como si el tiempo que no he estado aquí se acumulara de golpe sobre ella, hasta hacerme sentirla en ocasiones como un lugar casi extraño.
Hace un rato, un par de vecinos hablaban de la muerte de un tercero. Los he encontrado en el portal y he pensado que ambos estaban muy envejecidos. Los he recordado en ese momento con 20 años menos, y de paso a mí mismo cuando tenía la sensación de que nada cambiaba en esta ciudad. Y resulta que no es así. Porque ya todo es diferente. Yo también.
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