Dulce desastre

Filosofía urbana sin pretensiones

Las putas que no existen

La calle Montera de Madrid acoge a la mayor concentración de prostitutas del centro de Madrid. Se ha convertido en una seña de identidad del lugar, igual que los establecimientos que en la parte más cercana a la Puerta del Sol te invitan con hombres anuncios a que empeñes tu oro. Los vecinos no están demasiado contentos con la situación, como es de imaginar. La Policía pulula por la zona, ellas se dedican a lo suyo, y en general hay una cierta impresión de que todo el mundo está dispuesto a mirar hacia otro lado mientras el negocio con los clientes no sea muy evidente y la cosa esté tranquila.

En cualquier caso, esta situación invita a pensar en el limbo en el que vive la prostitución en España. No es legal, ni tampoco ilegal. Está rodeada de una nebulosa en la que ningún gobierno parece dispuesto a meter mano seriamente, ni en un sentido ni en otro. Da la sensación de que lo importante es paliar los efectos, la imagen de degradación y la delicuencia que arrastra, más que entrar a decidir si puede ejercerse y en qué condiciones. Supongo que porque es una patata caliente que nadie estaba dispuesto a tener entre manos, a la espera de que llegue el valiente que ponga el debate sobre la mesa, para resolver la cuestión de una forma u otra.

Mientras tanto, los rasgos de las prostitutas de Montera han ido cambiando con los años y ahora casi todas ellas son extranjeras. Se trata de inmigrantes que llegaron engañadas o que quizás no han tenido aquí la oportunidad que esperaban. Ninguna parece especialmente orgullosa de lo que hace, aunque no me he parado a hablar con ellas. Sólo las veo al pasar, mientras esperan en algún punto de la calle una señal de interés por parte de un posible cliente. Parecen cansadas y desencantadas, y permanecen allí viendo como quienes pasan las miran con desprecio, con deseo disimulado o simplemente las ignoran. Son putas. Y siempre he sostenido la teoría de que si algunos no pudieran pagar por sexo, es probable que terminarían convirtiéndose en violadores. Eso no dignifica el oficio más viejo del mundo, pero es una perspectiva diferente para pensar que quizás hacen por nosotros más de lo que podríamos pensar.

Noviembre 1, 2009 Publicado por Manu | Vivir en Madrid | | Aún no hay comentarios