Principios dudosos, finales inesperados
Tengo la costumbre de leer el periódico desde el final. También suelo empezar a hojear una revista desde el principio, y de repente paso a la última página, para leer desde ahí hacia atrás hasta encontrarme el punto desde el que había ido hasta el final. Soy minuciosamente caótico para según que cosas pequeñas, aunque supongo que eso al final también se refleja en las más grandes. Nunca acierto a darme cuenta de cuándo algo empieza, cualquier clase de experiencia. Sólo lo percibo un tiempo después, cuando estoy en ello o cuando simplemente se ha terminado. Este último caso es el más frecuente y absurdo. Porque no hay nada tan lamentable como darte cuenta de repente de que se termina algo cuyo principio pareces haberte perdido.
Empezar o terminar a veces requiere el mismo valor. Porque el miedo que tienes a lo desconocido es a veces el mismo que tienes a perder lo que ya conoces, quizás porque a su vez te llevará antes o después a enfrentarte con algo desconocido nuevamente. Aparte de algo cobarde soy muy perezoso, con lo que es un proceso que me cuesta, aunque cuando está encarrilado lo disfruto tanto como cualquiera. Todo tiene un principio y un final, y ésa es una norma que aprendí hace algún tiempo. El problema es que a veces, para cuando pienso en ello, la línea de llegada está más cerca que la de salida.
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