Dulce desastre

Filosofía urbana sin pretensiones

Una calle para tocar

Me inspiran mucha ternura los músicos callejeros. Siempre que veo alguno me da por pensar en la historia que tiene detrás, y en el camino que le ha llevado a tocar su instrumento en el lugar en el que yo lo veo. Últimamente se ha movido en León una historia curiosa en torno a uno, un acordeonista ruso llamado Arty, al que el Ayuntamiento retiró el permiso para tocar en una céntrica calle de la ciudad por presuntas molestias a algunos ciudadanos. Lo curioso del caso es que se ha organizado todo un movimiento social para pedir que este músico pueda volver al lugar donde leoneses y visitantes le han visto tocar en los últimos cinco años, y en Facebook hay una página en la que más de 5.000 personas le muestran su apoyo. Es una historia bonita que habla de cómo a veces estas personas terminan por trascender y hacerse un hueco en el corazón de la ciudad en la que tocan, para convertirse en personajes de sus calles.

Y en Madrid menudean los músicos callejeros, especialmente en el Metro. Está la señora que toca el violín en Callao, y a veces también en la Plaza Mayor; el joven bajista que hace unos días reproducía la hipnotizante línea de “Another one bites the dust” en Gran Vía; el cantante sudamericano que prueba suerte con todos los boleros del mundo en Cuatro Caminos… Sin olvidar de la orquesta de la calle Preciados o aquel guitarrista que un día me dejó con la boca abierta en la Plaza de Oriente. Todo un universo de personas que viven por la música y que te ofrecen cada día lo mejor y quizás lo único que realmente saben hacer bien. La próxima vez que escuches o veas a uno, piensa en ello y ráscate el bolsillo.

 

Octubre 27, 2009 Publicado por Manu | Trabajar para vivir, Vivir en Madrid | | 1 comentario

Y sin embargo, amanece

AMANECER - Vale la pena madrugar.

Image by kukudrulu69 via Flickr

Hace unos cuantos años, trabajaba los fines de semana exclusivamente, y a veces durante las noches. La cosa dependía de horarios de pruebas que se disputaban a veces al otro lado del mundo. Era extraño comenzar una jornada laboral casi de madrugada. Y aún más ver cómo amanecía mientras daba pedales muerto de sueño por el Paseo de la Concha, sorteando a la gente borracha que salía a aquellas horas de Bataplán.

Aquello tenía su encanto y su puñeta, como todo en la vida. En los segundos en los que rompía a amanecer siempre aparecía una mezcla de sensaciones encontradas, una melancolía intensa por ver salir el sol después de haber estado trabajando por la noche, seguida de una alegría suave y creciente por ver un nuevo día. Ver el alba en Donosti es una experiencia muy hermosa, y más si te sucede en bicicleta y en mitad de la bahía. La experiencia se repitió durante un par de años, a razón de unas 20 veces en cada uno. Y cada vez que el sol terminaba de imponerse a la oscuridad e iba inundando los rincones de la ciudad, siempre me decía la misma frase, independientemente de lo mal o lo bien que hubiera ido la noche de trabajo: y sin embargo, amanece. Otra oportunidad más.

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Septiembre 27, 2009 Publicado por Manu | Trabajar para vivir | , | Aún no hay comentarios

El vasallo y el señor

Boss For Leader album cover

Image via Wikipedia

En el Cantar de Mío Cid hay un momento en el que un personaje se lamenta por la suerte del valiente Cid, que sirve a un rey tirano y miserable. Creo que dice algo así como “qué buen vasallo si tuviese buen señor”. Es el resumen perfecto de cómo una mala dirección o un mal jefe puede echar por tierra los esfuerzos y la capacidad de un empleado que en condiciones normales estaría más implicado y daría mucho más de sí.

Yo conozco la sensación de primera mano, porque la viví durante algún tiempo, y es lo más descorazonador del mundo. Nada hay peor en un entorno laboral que trabajar para alguien a quien no das una mínima autoridad moral, porque percibes que tiene bastante menos idea que tú y que ocupa ese puesto por carambolas oscuras de las que preferirías no tener que saber nada. Afortunadamente, ya no es así para mí.

Y eso que asumo que la dirección de personas es un arte difícil, una mezcla de habilidades relacionadas con la psicología, el perfecto conocimiento de una profesión, la valentía, la honestidad y tantas otras cualidades que hacen que sean tan pocos y tan valiosos los que realmente hacen bien ese papel. Porque el mundo está lleno de jefes mediocres, de gente que se acostumbra demasiado rápido a apuntar con el dedo casi a ciegas, y que se mantienen en el puesto a costa de esconder su propia ineptitud en el sacrificio de sus empleados.

Alguna vez tuve gente a mi cargo, y entonces elaboré una teoría a la que intenté ceñirme en todo momento: se basa en cuidar de los que dependen de ti, agradecer la colaboración de los que están a tu nivel y pelear con los que tienes por encima para conseguir que las cosas mejoren para todos. Lo habitual es precisamente lo contrario y supongo que por eso tampoco duré mucho en ese cargo, para el que ni siquiera estaba preparado y que tampoco me gustó nunca.

Porque hoy por hoy no estoy para dirigir nada ni nadie, sino para seguir aprendiendo, curioseando, invirtiendo tiempo y esfuerzo en ser cada vez un profesional mejor y más completo, y en ofrecer lo mejor de mí mismo a quienes han confiado en mí para darme la oportunidad de crecer y de amar de nuevo esta profesión. En ello estoy.

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Junio 30, 2009 Publicado por Manu | Trabajar para vivir | | Aún no hay comentarios

Quejas digitales y despidos analógicos

Comienzan a aparecer noticias sobre personas que han terminado en la calle por hacer comentarios negativos sobre su empresa en internet. En España aún no ha trascendido ningún caso llamativo, aunque sí se han conocido despidos por usos imprudentes de las redes sociales.

Varias azafatas de Virgin Atlantic fueron despedidas recientemente por sus referencias poco amables en Facebook acerca de la compañía y sus clientes; en la misma red social, Dan Leona criticaba hace unas semanas al equipo de fútbol americano en el que trabajaba, hasta que los dirigentes del club se enteraron y lo echaron ; antes, una adolescente británica confesaba también en Facebook que su trabajo le parecía aburrido, por lo que recibió una llamada de atención y posteriormente fue despedida

Son sólo los primeros ejemplos sonados de una nueva forma de protestar sobre la empresa en la que se trabaja. Lo que antes quedaba en el entorno de los compañeros de trabajo o el círculo próximo del empleado, salta ahora a las redes sociales. Se trata de nuevos hábitos que desorientan a empresarios y jefes, mientras los trabajadores se encuentran con consecuencias indeseadas de desahogos momentáneos. Porque lo que se escribe en Internet importa. Y mucho.

Sigue leyendo el reportaje en lainformacion.com

Junio 25, 2009 Publicado por Manu | Periodismo, Trabajar para vivir | , | Aún no hay comentarios

Las cuatro torres

CTBA Madrid
Image via Wikipedia

Desde mi ventana veo el cielo de Madrid. O lo que es lo mismo, las cuatro torres más altas de la ciudad, levantadas sobre lo que antiguamente eran los terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Cada noche, antes de acostarme, echo un último vistazo por la ventana, y siempre veo luces en alguna de ellas. Entonces me dedico a pensar sobre quién estará trabajando a esas horas, qué estará haciendo o por qué motivo no está a punto de acostarse, como yo. Quizás sean personas que limpian las oficinas cuando ya todo el mundo se ha marchado, adictos al trabajo o eternas víctimas de cargas laborales que no pueden asumir en 8 horas diarias.

Y cuando me meto en la cama me siento aliviado de no vivir algo así desde hace mucho. Porque hubo un tiempo en el que yo también me quedaba a veces solo en un edificio, en mitad de la noche, trabajando en algo que no me gustaba en absoluto. En realidad, no hace tanto de eso, pero para mí es como si hubiera pasado mil años. Afortunadamente.

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Mayo 21, 2009 Publicado por Manu | Trabajar para vivir, Vivir en Madrid | , | Aún no hay comentarios